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9 de diciembre de 2020

La sociedad Lifschitz – Traferri en su peor momento

Un fiscal, destituido y preso por ser parte de la red que apañaba el juego clandestino en la provincia de Santa Fe prendió el ventilador y puso al principal socio político de Miguel Lifshitz en la picota. El senador por San Lorenzo, Armando "Pipi" Traferri fue sindicado como el capo máximo de la asociación ilícita que recaudaba fondos millonarios a partir del juego clandestino. En esta editorial se analiza el contexto político, el silencio de los referentes y las consecuencias que podrían derivar de este tzunami político judicial inédito por estas tierras. Por Juan Manuel Berlanga.


El feriado largo fue en realidad un puñado de días frenéticos para el poder santafesino. Un ex fiscal aceptó desnudar su genuflexión ante el poder estable y mandar en cana a quienes sirvió indignamente a cambio de fajos de dólares y ese miserable sentimiento de ser parte, aunque sea ínfima y servil, ser parte del selecto grupo de poder que está por encima de la ley.

Gustavo Ponse Asahad es un ser despreciable. Un tipo al que entre todos hicimos el esfuerzo para que tenga de por vida solucionada su situación económica. El tipo se llevaba más de 300 lucas de sueldo todos los meses, más aguinaldo, las vacaciones más largas y mejor pagas de la provincia… ¿Por qué tanto? Porque era fiscal. Y los fiscales no tienen que tener problemas económicos, tienen que vivir sin esa complicación y mucho menos tentarse de agarrar un billete para hacer algo diferente a perseguir a los que cometen delitos.

Gustavo Ponse Asahad le contó a la sociedad que es una mierda de persona. Que fue una de las grietas por donde se coló la corrupción durante años en Santa Fe. Que se quedaba con guita a cambio de despejarle las complicaciones judiciales al tipo que manejaba el juego clandestino en su jurisdicción.

El viernes pasado Ponse Asahad prendió el ventilador. Así como Peiti, el rey del juego legal y clandestino, lo mandó al frente a él y a su ex jefe, el ex fiscal regional de Rosario Patricio Serjal, ahora Ponse Asahad hizo lo propio con quien considera su verdadero jefe: el senador Armando Traferri.

La declaración de más de cuatro horas convirtió a la causa de juego clandestino en la más explosiva de las causas judiciales de la historia de Santa Fe. Ahora quedó todo un poco más expuesto que antes. En realidad, pone en formato institucional lo que todos los que queremos estar informados ya sabíamos. Durante la última década en Santa Fe, la suerte de la provincia se resolvía en una mesa de pijas largas.

 

Hace varios años que venimos diciendo que la Justicia santafesina se convirtió en un coto de radicales, socialistas y ceos del PJ, o mejor dicho, la banda de Traferri. Y por supuesto, esa mesa de poder también la integraba el todavía presidente real de la Corte Suprema de Justicia.

 

El poder estable de senadores peronistas y el Rafa Gutierrez hicieron que Hermes Binner se trague la promesa de campaña de reformar la Corte Suprema como, textual, “como lo había hecho Néstor Kirchner”. La idea del co-gobierno le fue muy cómoda siempre al Frente Progresista, y también, por supuesto, a los peronistas con responsabilidades institucionales. Salvo algunas pocas raras excepciones.

 

Antonio Bonffatti en el gobierno decidió legalizar los impúdicos acuerdos y llenó las bolsas de cada senador y de su vice gobernador. Con mayoría peronista en ambas cámaras, a Bonfatti le aprobaron todo. Todo de todo. A Bonfatti le permitieron ocultar todo, todo de todo. Los senadores peronistas hasta le hicieron campaña para que sea gobernador, igual que a Lifshitz.

 

Con Miguel Lifshitz en Casa Gris la cosa fue aún más impúdica. Algunos aseguran que el ablande de la negociación fueron unas fotos que un diario decidió nunca publicar. Otros aseguran que eso es un mito, y que en realidad Lifschitz nunca estuvo dispuesto a dar una batalla porque sabía que tendría a Bonfatti y a la mitad del socialismo jugando en la cancha del adversario.

 

El ex fiscal Gustavo Ponse Asahad aseguró que fue el senador Traferri el que comenzó la relación entre el MPA rosarino y el rey del juego clandestino. Pero también dijo algo aún más grave. Explicó que su jefe, el ex Fiscal Regional Rosarino Patricio Serjal, gobernaba a los fiscales bancado por Traferri. Esto es, que le sacaba las causas a los fiscales que molestaban al poder, que movía estructuras, que cobraba coimas, que aflojaba fallos, todo con el visto bueno de su verdadero jefe, el senador Armando Traferri y su hombre de confianza, el ex ministro y ex diputado Carlos Carranza.

 

Ya lo sabíamos. Pero ningún fiscal se había animado a decirlo. Lo dijo esta rata, este coimero, esta deshonra humana que en vez de perseguir a los malos, se quedaba con vueltos para protegerlos. Pero esta rata era fiscal. Y era el segundo del Fiscal Regional. Y llegó a ese lugar, al igual que su jefe Ponse Asahad, porque entre Traferri, Lifshitz y los radicales, se repartieron el MPA como quien pone las fichas en el tablero del TEG.

 

Lo mismo que develó Ponse Asahad que ocurría en Rosario de la mano de Traferri, eso mismo pasa en el MPA de Santa Fe con Lifschitz y Corral. Recuerdo que cuando desplumaron las causas de Corral Papers y las escuchas de Pullaro, decíamos que más que haberse visto los hilos del titiritero, todo había sido tan impúdico que hasta se lo vio al titiritero en tanga. Es grotesco leer hoy a quien fue candidato a vice gobernador de Barletta twitear que Lifschit y Traferri son socios. Más grotesco es ver a compañeros compartir esos twits.

 

Ponse Asahad dijo que Traferri es, básicamente, el jefe de una asociación ilícita que, entre otros delitos, se dedicaba al manejo del juego clandestino. También que dentro de la red de apuestas virtuales ilegales, Los Monos tenían un pedazo. También contó que Peiti le pagaba mensualmente un buen fajo de guita al comisario de máxima confianza del por entonces ministro de seguridad Maximiliano Pullaro. Y entregó lugares, fechas, llamados, mensajes de whatsapp, antenas y demás precisiones que puedan darle fuerza a su relato.

 

Con su declaración, el ex fiscal sabía que se autoincriminaba dentro de un delito más severo que por el cual estaba siendo imputado. Ahora ya es parte de una asociación ilícita. Y con los delitos por los que se lo acusa, admitidos. ¿Está loco? No. Busca, a pesar de esto, mejorar su situación. ¿Cómo? Hundiendo a los de más arriba.

 

Por lo pronto ya logró que lo cambien de lugar de detención. Supuestamente un guardiacarcel lo amenazó para que se quede callado y, además, compartía pabellón con su ex Jefe Patricio Serjal y la convivencia no parecía ser muy grata. Hoy está preso en la cárcel que la PSA tiene en el aeropuerto rosarino.

 

Si los fiscales logran validar la mayoría de sus dichos e incriminar a los demás miembros de la asociación ilícita, probablemente lo acepten como arrepentido y pueda saldar su situación procesal en un juicio abreviado y volver a su casa.

 

Si Ponse Asahad logra su cometido, los que van a estar más complicados serán el propio zar del juego Clandestino y el senador Traferri. Al menos, en principio, ellos dos, ya que otros varios nombres se pusieron sobre la mesa y varios más ruegan seguir en el anonimato.

 

Sólo algunos lúmpenes de la política y la comunicación se animaron a escribir en sus redes sociales que esta causa agigantaba la grieta en el peronismo. A Omar Perotti le llevó casi un año entender que la sociedad Traferri – Lifschitz era inquebrantable. El mismo tiempo que le llevó a Traferri y a Lifschitz entender que Perotti no iba a aflojarles nunca un co-gobierno.

 

Mientras el fiscal Pose Asahad hacía su gracia en los tribunales provinciales, en los estrados federales de Rosario ampliaba su declaración un narco de los ambientes acomodados de la Chicago Argentina. Ojito Caporale.

 

Ignacio Actis Caporale dijo ante el Tribunal Oral Federal 3 que «La policía de Santa Fe era el ente regulador del narcotráfico». Dijo “era”, porque se refería a la época en la que él se dedicaba a vender, sobre todo, drogas de diseño en fiestas raves y boliches de moda en Rosario, o sea, durante el gobierno del Frente Progresista Cívico y Social.

 

Tanta banca tenía Ojito de la cana que un día, volviendo de Colombia, en una escala de trasbordo en Lima, recibió un mensaje de un policía diciéndole que lo estaban esperando a su llegada y que le estaban allanando la casa y el tipo se fugó. Y estuvo prófugo hasta que la PSA investigó y se le terminó la red de protección.

 

El tipo dijo que la cana era el cartel… chocolate por la noticia. Pero lo dijo un narco, ante un juez, y dio detalles, y nombres y quiere que se pueda probar porque es lo único que le va a mejorar su situación. También dijo que el dinero de la recaudación ilegal de fuerza tenía como destino distintos estamentos políticos. “Cuando el nivel de corrupción es tan alto, es raro que los de arriba no se enteren”, dijo.

 

El comisario Alejandro Druetta fue uno de los policías más mimados por las gestiones del Frente Progresista. Ocupó cargos claves como ser jefe de Inteligencia de la ex Drogas Peligrosas de la policía provincial. Con la gestión de Lifshitz y Pullaro llegó a su máxima relación con el poder político. El ministro le dedicaba tweets públicos semanales hablando loas de su tarea y de que gracias a Druetta los narcos sabían que no había impunidad.

 

Ojito Caporalle parece tener otra visión de Druetta. Dijo que era su jefe, que le proveía la droga que él vendía, que él y su banda (no violenta) eran parte de una cooperativa comandada por Druetta y que ellos mismos le pasaban información a Druetta para sacarse de encima a la competencia y para que Druetta tenga buenas estadísticas para mostrarle a Pullaro, que después lo felicitaba por Twiter.

 

Nunca antes en Santa Fe se hizo tan explícito todo. Nunca antes, los que se encargaban que todo quede oculto pasaron a ser los que están preocupados. Pero hasta acá nadie ganó nada. Enjaulados están los perejiles de los negocios ilegales. Afuera, los que siguen teniendo mucho poder.

 

De un lado Perotti y Sain diciéndole a los fiscales que investiguen, que vayan al hueso. Del otro Traferri y Lifshitz imponiéndole presupuestos, queriendo echarle ministros y convencidos que la mayoría parlamentaria les da derecho al co-gobierno.

 

El silencio de ministros, diputados, senadores y demás actores del gobierno de Perotti en estos días pone en evidencia dos de las principales falencias de su gestión. La política y la comunicación. Perotti no habla con sus funcionarios de política, su ministro de gobierno se lo había puesto Traferri y jamás logró construir esa mística que hace que todos se sientan parte.

 

Perotti ya anunció que habrá cambios en su gabinete. Borgonovo no era el único ministro que que puso el espacio que integraba Traferri. Los días pasarán y la causa judicial que tiene en el ojo de la tormenta al senador irá ganado voltaje. Tal vez el nuevo equipo de gobierno dejará en claro quienes deciden estar de un bando y quienes del otro. Y la definición incluye hasta a la vice gobernadora.

 

La raya divisoria también deberá darse en el senado, en donde el bloque peronista ya no tiene razón de ser y es hasta un insulto para la gestión que Traferri siga presidiéndolo.

 

En una guerra del otro lado también tiran cascotes, y si bien Lifshitz y Traferri ya tiraron unos cuantos, dicen que tienen una bolsa llena para seguir lanzando. Lifshitz la tiene más simple, los socialistas no tienen otro lugar más a dónde ir que bajo su ala. Con los peronistas la cosa parece estar todavía más embarullada. Pasó todo el fin de semana largo y la noticia enmudeció a los que aman cantar la marcha.

 

Éramos muy poquitos los que decíamos todo esto cuando socialistas, radicales y los ceos del PJ reinaban en esta bota. Hoy también. Pero nosotros somos periodistas, tímidamente tratamos de contar la realidad según nuestra mirada. Lo que a esta altura del partido ensordece es el silencio de quienes tienen la responsabilidad de transformarla. ¿De qué lado están chabones y chabonas? Lo sabremos en estos días.

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