31 de marzo de 2017
EDITORIAL: Egocéntrica y caprichosa
En el programa El Hormiguero Juan Manuel Berlanga opinó sobre la polémica sesión del Concejo Municipal de Santa Fe.

Este jueves ocurrió un hecho insólito, que derivó en una situación muy grave.
Voy a tratar de explicar lo primero lo más brevemente posible. Asi pasamos rápido a lo más importante
Los peronistas y radicales en el Concejo Municipal no se ponían de acuerdo con la conformación de comisiones. ¿Que? Yo se que sólo escuchar las palabras conformación y comisiones juntas ya dan ganas de cambiar el dial buscando algo más interesante que escuchar. Pero les pido un toque de paciencia. Sino, no me van a entender lo importante.
En realidad unos y otros quieren tener mayoría en las comisiones porque eso te permite "dormir" o "acelerar" los proyectos, tener control de los tiempos.
Los radicales, cuando tuvieron mayoría de concejales, se quedaban con la mayoría en todas las comisiones. Y ahora que los peronistas lograron ser la mayoría, intentan hacer lo mismo. Y los radicales, por supuesto, se quejan de esto públicamente, se tiran al piso, piden penal y tarjeta roja ante la negativa peronista de abrazar la democracia como una forma de vida. Ponele
Bueno, después de todo un show con inflador mediático con este tema que no le importa a nadie, en el día de ayer los señores concejales y las señoras concejalas se disponían a tener la primera sesión del año.
Y después de las cuestiones protocolares y algunos reconocimientos, en el inicio mismo de la sesión, la concejala Marcela Aheberhard pidió un cuarto intermedio, para discutir la conformación de las comisiones.
Para que quede en claro, la conformación de las comisiones que su propio bloque mayoritario el PJ había decidido integrarlas en su mayoría, devolviéndole la gentileza al radicalismo de haber actuado del mismo modo antes.
Lógicamente sus compañeros de bloque, atónitos de vivir lo que estaba ocurriendo delante de sus ojos, le recordaron que durante las negociaciones ella no pudo participar porque había estado un mes de vacaciones, entre otros sablazos varios que elijo no mencionar para pasar a lo que realmente considero grave.
Después la jornada trascurrió y finalmente llegaron a un acuerdo más o menos similar a la última oferta que los radicales habían rechazado en las negociaciones con los justicialistas. De las cinco comisiones, quedarse con la mayoría de las dos menos importantes. Y Marcela integrando la comisión que ella quería integrar porque la tiene re clara en esa materia. Cosa que a nadie le importa y a nadie le va a cambiar la vida.
La carrera política de Marcela Aeberhard no pone de manifiesto una colección de lealtades políticas, construcciones colectivas y pertenencia partidaria. Haber nacido a la política de la mano de Cachi Martínez, para luego ser cobijada en las mieles de un Luis Rubeo presidente de la Cámara de Diputados, no le arriman tampoco ninguna buena al respecto. Ser en la actualidad la única integrante de un monobloque personal, tampoco.
Lo ocurrido ayer motivó al concejal Juan Cesoni a realizar duras declaraciones. “La actitud de Aeberhard es egocéntrica y caprichosa”, fue tal vez su definición más contundente.
Y aquí entramos en lo que quería resaltar en todo este asunto. La concejala Aeberhard sostuvo en los medios que esas palabras la “ofendieron en su rol como mujer en la política”, lo que la llevó a pedir “una rectificación y una cuestión de privilegio”.
Un nutrido colectivo de mujeres de Santa Fe le pone el cuerpo, su tiempo y su esfuerzo en emprender una heroica lucha por los derechos del colectivo. Desde velar por la seguridad de las compañeras que viven en calles de barro y techos de chapa que tiemblan de miedo cuando el marido llega otra vez borracho a la madrugada, hasta por la posibilidad de integrar listas en elecciones de manera equitativa con los porongas que manejan la rosca de la política.
Un colectivo que lucha por tener una misma remuneración por un mismo trabajo con los hombres, que vela porque los cargos de decisiones también sean ocupados por mujeres. Que se preocupa porque ni una vez más un cheto pasado de merca le prenda fuego a su novia. Una lucha demasiado enorme, para ser utilizada por una caprichosa y egocéntrica concejala.
Ni Cesoni, ni ninguno de los concejales atacaron a Aeberhard por su condición de mujer. Nadie la mandó a lavar los platos, nadie le dijo que su cargo lo ocupó porque haya sido la mina de un chongo groso, nadie le dijo que “tenía que ser mujer para romper los códigos”, nadie ofendió a la concejala en su rol como mujer en la política.
Los caprichosos y las caprichosas actúan arbitrariamente, y lo suelen hacer inspirados por un antojo, por el humor o por una extraña fascinación por lo extravagante o por lo original. Una niña caprichosa o un niño caprichoso llora a los gritos en la cola del super porque la mamá y el papá no sacian su antojo por una paleta de caramelo, envuelta en papel celofán con ilustraciones de Pepa Pig.
Una concejala caprichosa, se sale de lo acordado en Parlamentaria y pide un cuarto intermedio, porque ella, quiere un lugar en una comisión.
Como mamá y papá no me lo compran, aprovecho que estoy rodeado de gente en un supermercado y lloro a los gritos. En algún momento les va a dar vergüenza y me lo van a comprar.
Los chicos no me quieren dar el lugar que yo quiero en la comisión, les pido, les pido, me dicen que si, que si, y no me lo cierran. Yo agarro en medio de la sesión y pido un cuarto intermedio. Ahí con todos mirando y con los radicales que me van a apoyar, los obligo a que aflojen y se sienten a darme lo que yo quiero.
Los egocéntricos y las egocéntricas tienen el feo defecto de exaltar exageradamente su propia personalidad, incluso  hasta considerarla como centro de atención. Y así como un periodista o una periodista caen en este pecado cuando creen ser más importantes ellos mismos que la noticia, un concejal es egocéntrico cuando cree que es más importante que él ocupe un pequeño espacio de poder, que formar parte de un colectivo. De un espacio político. Más grande que su propio ombligo.
Si esos chicos crecen y papá y mamá los ayudan a madurar, dejarán de ser caprichosos. Pero muchas veces los papis no colaboran. Sinó miremos el caso de Marce, que le tocó en suerte Papá Cachi y papá Luisito…  
Los y las que apuestan a luchas colectivas suelen tener un ojo adiestrado para detectar cuentapropistas. Porque es la única barrera de defensa para no rifar las costosas conquistas logradas. Sobre todo cuando los o las cuentapropistas logran su cometido de la mano de logros de los de la vereda de enfrente.



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